Confianza en uno mismo.

rwe2

 

He decidido compartir fragmentos de libros que no me dejan indiferentes, libros que en un sentido u otro me ayudan y nada tienen que ver con los tan populares libros de autoayuda. Todos tienen cabida en las estanterías, pero para las mías prefiero estos. Grandes hombres, grandes libros.

Es imposible no leerse este libro “Confianza en uno mismo” de Ralph Waldo Emerson, cuando al hojearlo, abres por la página justa en el momento justo. De esta forma, ésta página me ha quedado impresa y me ha impulsado a leer un libro muy recomendable. Y siguiendo en su lectura encontrarás esto:

Hay un momento en la formación de todo hombre en que se llega al convencimiento de que la envidia es ignorancia, y la imitación un suicidio; que un hombre debe tomarse así mismo como la porción que le ha tocado en suerte, para bien y para mal; que aunque haya abundancia de bienes en el ancho mundo, no obtendrá más grano de trigo para alimentarse que el que él mismo se haya esforzado en cosechar en el bancal de tierra que le ha sido dado

Las cosas buenas no necesitan explicación, lo lees, te llega, te captura.

 

 

Dejemos al pasado tranquilo

Las estaciones del año ya no son lo que eran, pero esa es la naturaleza de las cosas: ser vistas sólo una vez mientras suceden… John Ashbery

 

Me inquieta y me sorprende al mismo tiempo que aún persista la idea de que para poder solucionar un problema tenga que lanzarme al pasado a buscar. ¿Buscar qué?, qué se yo, un algo, una pista, un entender (fuera de tiempo se podría decir), un entender con otros ojos.

Y esto se parece más a una técnica de tejido y calcetado infinito, como la de Penélope. Pero con la diferencia de que ella lo hacía para poder postergar y esperar y este es un objetivo distinto al de las personas de carne y hueso que lo único que quieren es solucionar.

Y para solucionar está el presente, que es lo único en lo que podemos actuar y modificar sin tener que recurrir a la memoria. Memoria que por otro lado ya hay más de una investigación que nos dice que no es literal, infalible, precisa.

Nos lo dice la ciencia y para los románticos nos lo dice la poesía:

Tiempo presente y tiempo pasado
están ambos quizás presentes en el tiempo futuro,
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
si todo tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que podría haber sido es una abstracción
y permanece como posibilidad perpetua
solo en un mundo de especulación.
Lo que podía haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre presente.
Las pisadas resuenan en la memoria
bajando el pasillo que no tomamos
hacia la puerta que nunca abrimos
a la rosaleda. Mis palabras resuena
así, en tu mente.
pero con qué propósito
Removiendo el polvo en un cuenco de pétalos de rosa.
No lo sé.

T.S. Eliot- Burt Norton

Sin olvidarnos de la filosofía:

Buscar un significado a la historia es como buscar formas reconocibles a las nubes.
John N. Gray

Claro que esta es mi opinión después de tantas evidencias, y puedo estar equivocada, pero por si acaso me cuido de no entrar en laberintos que no tengan salida. Cada cual decide, esa es nuestra verdadera condena.

 

Hashime Otomo.

 

 

 

Miedo al miedo

El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo. Thomas Hobbes

El miedo es una emoción presente en el reino animal. Tiene sus propios mecanismos, que se disparan de manera automática. Esto es necesario ya que en la naturaleza no se dispone de mucho tiempo para valorar la situación, es necesario actuar rápidamente. Huir, atacar, someterse. De ello ha dependido la supervivencia de los individuos.

Sin embargo para nosostros, es una fuente inagotable de malestar. Tenemos un día a día de lo más cómodo y es muy raro que tengamos que manejar situaciones extremas. Ingenuamente se podría pensar que vivimos en el paraíso de la tranquilidad. No es así para aquellos que no han podido conseguir el beneficio de mantener el miedo en un nivel óptimo, en el punto en el cual en vez de trampa es trampolín que me impulsa a trabajar mejor, dar una charla sin dormirme, ir preparado a una entrevista de trabajo.

Para éstos, sólo se necesita que se dispare toda la mecánica del miedo, en un lugar y momento inadecuado. Esto es suficiente para meterse en ese reino  disfuncional, dirigido por una lógica circular. Se abren las puertas del infierno, ya que esta lógica transforma los efectos en causas,  y lo que más miedo me da es el volver a sentir lo que sentí. Y hemos, con esto, llegado a los dominios del miedo al miedo. Ya no necesito ninguna señal del exterior, yo mismo me suministro las señales que me aterrarán.

Quizás lo verdaderamente aterrador sea esa conjunción, en una misma persona, de víctima y verdugo, títere y titiritero. Y que por mucho que corra o me esconda, estoy condenado a encontrarme. En estos casos el concepto de soledad cobra un nuevo sentido, como decía Nietzsche:

El miedoso no sabe en realidad qué es estar solo: tras su silla se agazapa siempre un enemigo. ¡ Oh, quien pudiera contarnos la historia de ese sutil sentimiento llamado soledad!

Un mal día para el Sr. Problema

Es curioso cómo un problema se ve perpetuado por los propios intentos de solución. Un día el Sr. Problema se despertó con una extraña sensación, se notó inapetente, sin fuerzas para afrontar el día. Mientras se preparaba, empezó a pensar que no era normal, que no debería sentirse así. Intentó buscar todos los argumentos que la razón le proporcionaba para redescubrirse a sí mismo que no tenía motivos para sentirse de este modo. Todo esto le llevó al fin a creer que algo dentro de él no estaba bien, produciéndole un agravamiento de la sensación de partida. Al final se puso cualquier cosa, total por más que hiciese, su día estaba predestinado a ser un infierno. Al llegar al trabajo su compañero le preguntó, preocupado, si estaba bien ya, que nunca antes le había visto tan mal. Terrible es siempre el momento en el que acumulo señales que me indican que mi teoría es cierta, efecto de la profecía autocumplida. La mañana termina con gran esfuerzo. Generalmente siempre van a comer todos juntos y es un momento distendido y agradable, pero el Sr. Problema empieza a pensar que lo mejor será no hacerlo, ya que no se siente de ánimos. Conclusión: renuncia. Se queda solo en la oficina rumiando (¿por qué, por qué yo, y si…?). Todo esto no  hace más que empeorar su sensación y decide que no trabajará por la tarde ni irá al final del día a tomar algo con sus amigos. Vuelve a casa y se queda a oscuras tumbado aumentando su derrota.

Con los estados de ánimo no hay discusión posible; pueden cambiar debido a algún suceso afortunado o a un cambio en nuestro estado corporal, pero no se puede cambiar mediante argumentos. Muchas veces he experimentado ese estado de ánimo en que sientes que todo es vanidad; y no he salido de él mediante la filosofía sino gracias a una necesidad imperiosa de acción. Bertrand Russel

¿Cómo es que nos cuesta tanto cambiar?

Realmente puede parecer curioso… ¿cómo es posible que habiéndome dado cuenta de lo que necesito o quiero, no sea capaz de lograrlo? Seguramente pueda ser un pensamiento que todos hayamos tenido en un momento u otro. Y si nos precipitamos en sacar conclusiones sin analizar los hechos de una manera adecuada, seguramente lleguemos a hacernos ideas equivocadas. Podría llegar a ser terrible, si a partir de ello creo una teoría sobre mi naturaleza o mi personalidad, o si empiezo a preguntarme el por qué no soy capaz de esto o de lo otro. Ya el padre de Sherlock Holmes, A. C. Doyle, que sabía mucho de investigar con criterio, decía:

“Con frecuencia sólo conseguimos discernir los hechos importantes después de haber suprimido la pregunta por qué; entonces en el transcurso de nuestras indagaciones, los propios hechos nos dan la respuesta”

Así pues, indaguemos. Pongamos el caso: me fijo una meta, la cual considero del todo necesaria, y en su análisis se puede concluir que es de lo más razonable. Hasta aquí todo bien. Tras esto, creo que lo siguiente es lanzarme a la acción atacándola de frente, abarcándolo todo. Consigo mantenerme en la contienda un tiempo determinado, este variará dependiendo de la intensidad y cantidad del esfuerzo empleado. Y llega el momento, generalmente antes que después, que flaqueo y abandono. Este mismo esquema lo repito una y otra vez, alternándolos con períodos de descansos, necesarios para olvidarme de que sólo estoy haciendo A+B=C. A veces tardamos en darnos cuenta de que si haces lo que siempre has hecho, obtendrás lo que siempre has tenido. En este caso, no cambiar algo, no conseguir algo. El fallo está en querer dar un salto demasiado grande. Si quiero cambiar algo o quiero conseguir algo, lo mejor es que lo fraccione de tal manera que todos los días pueda hacer esa pequeña cosa. De esta forma conseguimos un efecto acumulativo. Lograremos hacer una gran cosa gracias a esas pequeñas cosas que he conseguido mantener en el tiempo. Porque no hay que olvidarse que muchas veces, y sobre todo para lograr un cambio, un esfuerzo muy grande pero puntual no es tan efectivo como un pequeño esfuerzo mantenido en el tiempo. ¿Qué será de las montañas azotadas todos los días por el viento?

Mi corazón palpita como una patata frita

Uno de los problemas en los que solemos caer los seres humanos es el de intentar controlar y razonar todo. No digo con esto que razonar sea malo, es una de nuestras cualidades. Tampoco digo que nos apuntemos al descontrol desenfrenado. Las cosas no son en sí ni buenas ni malas, sólo pasan a ser perjudiciales si las aplicamos en momentos inadecuados. ¿Realmente necesito controlar mi cuerpo para asegurarme que funcione bien?. Si hiciese tal cosa, pongamos como ejemplo el crearme la duda sobre el buen funcionamiento de mi corazón, me crearía la necesidad de controlarlo…Y el problema está servido. Como dice Antonio Damasio:

“La naturaleza hace mucho tiempo que se preocupa de proporcionar a los organismos vivos los medios para regular y mantener su vida de manera automática, sin necesidad de hacer preguntas ni pensar”

Vivimos en una constante contradicción con nosotros mismos, ya que por un lado no podemos evitar ser parte de la naturaleza, con sus propias reglas, y por otro lo que nos ha  hecho diferentes, nuestro razonamiento, nuestra mente, nuestra voluntad, nos da la sensación de que no sólo hemos sobrevivido a la naturaleza sino que la hemos superado. Esta combinación nos lleva a querer utilizar nuestra mejor herramienta en momentos inadecuados, siendo en esto resistentes al cambio. Si intento controlar lo que funciona muy bien sin que yo lo piense, ya lo estoy descontrolando. Si pienso en mi corazón lo altero, si intento controlar mi caminar me tropiezo…

“No hacemos nada bien hasta que dejamos de pensar en el modo de hacerlo” W. Hazlitt

El molesto equipaje del Sr. Problema

¿Realmente qué es  lo que supone un problema para nosotros?. Como ya decía Epicteto :

“No son las cosas las que atormenta a los hombres sino los principios y las opiniones que los hombres se forman acerca de ellas. La muerte, por ejemplo, no es terrible; si lo fuera, así le habría parecido a Sócrates. Lo que hace horrible a la muerte es el terror que sentimos por la opinión que de ella nos hemos formado. En consecuencia, si nos hallamos impedidos, turbados o apenados, nunca culpemos de ello a los demás sino a nuestras propias opiniones. Un ignorante le echará la culpa a los demás por su propia miseria. Alguien que empieza a ser instruido se echará la culpa a sí mismo. Alguien perfectamente instruido ni se reprochará a sí mismo, ni tampoco a los demás”.

Los problemas muchas veces son inevitables, pero el sufrimiento que producen es opcional, es lo que pienso de él lo que alimenta mis sentimientos. Si pudiéramos simplemente analizar el problema, valorar qué herramientas necesito, cómo debo hacer para solucionarlo, qué he hecho y no me ha ayudado, nos pondríamos en el camino adecuado. Una de las maneras que tenemos para sentirnos tranquilos es el saber que da igual el problema, encontraré la solución. Nos convertiríamos en este sentido en unos problem solvers. Y es bueno ir cultivando esta habilidad ya desde pequeños, no hay nada mejor que ir creciendo manejando los pequeños problemas que vayan apareciendo, ya que estos serán un buen campo de entrenamiento para la vida. Como decía Karl Popper “vivir es solucionar problemas”.

Por tanto, cuando más huyamos de los problemas, más nos precipitamos a ellos sin control. Querer no tener problemas es ya un problema, ya que en la naturaleza sin vida no hay problemas.

De la importancia del objetivo

Que la definición del objetivo es asunto importante, está claro desde el primer momento que se ve ligado inevitablemente a la acción. Sabemos sobradamente que la acción es uno de los salvavidas que nos mantienen a flote, ya que no está en la naturaleza del ser humano el soportar bien la inactividad. El tema es que una vez atrapado en esta telaraña de pasividad, es difícil salir de la trampa. Como marinero atrapado por los cantos de sirena, flotamos en nuestra mayor perdición con la falsa sensación de bienestar. Ahora bien, una vez detectada la situación de una manera racional, dudaremos de nuestra fuerza de voluntad para realizar cualquier tipo de esfuerzo. Y es en este momento cuando el objetivo cumplirá su función, como bien decía Viktor Frankl:

“…donde hay un objetivo, allí hay también una voluntad. Quien tiene bien claro un objetivo y aspira de verdad a alcanzarlo, nunca se quejará de que carece de fuerza de voluntad.”

Por lo tanto, un objetivo te moviliza, focaliza y dirige tu movimiento y te impulsa fortaleciendo tu voluntad.

 

…Y hablando de duda.

¿Pero entonces… la duda es algo malo?. No necesariamente. Si lo analizamos, podemos darnos cuenta de que la duda, la duda sana y funcional, siempre, e inevitablemente nos llevará a la acción. Y esto pasa porque fomenta un proceso creativo dentro de nosotros. Pero al responder a preguntas que, aunque disfrazadas en una estructura aparentemente lógica, no lo son, entramos en un bucle obsesivo, en busca de una respuesta  que nos permita quedarnos tranquilos. Y esa busca de la respuesta correcta nunca nos llevará a la acción, todo lo contrario, nos bloqueará. Porque no existen respuestas correctas a preguntas incorrectas. Para distinguir una de otra, citando a Ortega y Gasset “…donde usted formula el problema enuncia, en rigor, la solución. Nuestros enigmas y preguntas suelen ser respuestas disfrazadas con los dos rizos postizos de la interrogación“. El otro tipo de dudas, de preguntas, no tienen respuestas e intentar buscarlas nos mete… en un laberinto.

 

El objetivo es que no hay objetivo

Tras una serie de días intentando pensar en cómo iniciar esta aventura, cuál sería el mejor contenido, de qué quería hablar… ¿pero, realmente quiero hablar? ¿debería enfocarlo a esto o a lo otro?….. me he dado cuenta de que estaba entrando en una dinámica de duda patológica, queriendo tener claros conceptos a priori, conceptos que sólo se me aparecerán claros en el ir haciendo. Así que he optado, como buena estrategia para la duda patológica, por empezar y dejar así que mi mente analítica y racional deje de bloquearme la acción. Como decía Heinz Von Foerster “si quieres ver aprende a actuar”.