Un mal día para el Sr. Problema

Es curioso cómo un problema se ve perpetuado por los propios intentos de solución. Un día el Sr. Problema se despertó con una extraña sensación, se notó inapetente, sin fuerzas para afrontar el día. Mientras se preparaba, empezó a pensar que no era normal, que no debería sentirse así. Intentó buscar todos los argumentos que la razón le proporcionaba para redescubrirse a sí mismo que no tenía motivos para sentirse de este modo. Todo esto le llevó al fin a creer que algo dentro de él no estaba bien, produciéndole un agravamiento de la sensación de partida. Al final se puso cualquier cosa, total por más que hiciese, su día estaba predestinado a ser un infierno. Al llegar al trabajo su compañero le preguntó, preocupado, si estaba bien ya, que nunca antes le había visto tan mal. Terrible es siempre el momento en el que acumulo señales que me indican que mi teoría es cierta, efecto de la profecía autocumplida. La mañana termina con gran esfuerzo. Generalmente siempre van a comer todos juntos y es un momento distendido y agradable, pero el Sr. Problema empieza a pensar que lo mejor será no hacerlo, ya que no se siente de ánimos. Conclusión: renuncia. Se queda solo en la oficina rumiando (¿por qué, por qué yo, y si…?). Todo esto no  hace más que empeorar su sensación y decide que no trabajará por la tarde ni irá al final del día a tomar algo con sus amigos. Vuelve a casa y se queda a oscuras tumbado aumentando su derrota.

Con los estados de ánimo no hay discusión posible; pueden cambiar debido a algún suceso afortunado o a un cambio en nuestro estado corporal, pero no se puede cambiar mediante argumentos. Muchas veces he experimentado ese estado de ánimo en que sientes que todo es vanidad; y no he salido de él mediante la filosofía sino gracias a una necesidad imperiosa de acción. Bertrand Russel