¿Pero entonces… la duda es algo malo?. No necesariamente. Si lo analizamos, podemos darnos cuenta de que la duda, la duda sana y funcional, siempre, e inevitablemente nos llevará a la acción. Y esto pasa porque fomenta un proceso creativo dentro de nosotros. Pero al responder a preguntas que, aunque disfrazadas en una estructura aparentemente lógica, no lo son, entramos en un bucle obsesivo, en busca de una respuesta  que nos permita quedarnos tranquilos. Y esa busca de la respuesta correcta nunca nos llevará a la acción, todo lo contrario, nos bloqueará. Porque no existen respuestas correctas a preguntas incorrectas. Para distinguir una de otra, citando a Ortega y Gasset “…donde usted formula el problema enuncia, en rigor, la solución. Nuestros enigmas y preguntas suelen ser respuestas disfrazadas con los dos rizos postizos de la interrogación“. El otro tipo de dudas, de preguntas, no tienen respuestas e intentar buscarlas nos mete… en un laberinto.