El mal que nos atormenta no está en el lugar en que nos encontramos, sino en nosotros mismos. 
Estamos sin fuerza para soportar cualquier contrariedad, incapaces de tolerar el dolor, impotentes para disfrutar de cosas agradables, siempre desconectados de nosotros mismos.

 

Séneca, De tranquillitate animi.

 

Está claro que la palabra depresión nos es familiar a todos por el hecho de que se ha popularizado mucho en los últimos tiempos.  Por una parte es bueno y está bien que la gente hable libremente de sus emociones sin tabúes y sin sentir vergüenza por ello, pero por otro lado tenemos el inconveniente de que se le da un significado a la depresión de estar triste o desanimado y eso sería simplificar mucho la cosa. Estar triste o desanimado es algo por lo que pasamos todos en más de una ocasión a lo largo del año y eso es normal. Estar deprimido, tener un trastorno depresivo es otra cosa.

Para aclarar un poco el tema citaré de modo simplificado cuál es el rasgo común de todos los trastornos depresivos según el DSM V:

“Presencia de un ánimo triste, vacío o irritable, acompañado de cambios somáticos y cognitivos que afectan significativamente la capacidad funcional del individuo. Lo que los diferencia es la duración, la presentación temporal o la supuesta etiología.”

“El trastorno depresivo mayor se caracteriza por episodios determinados de al menos dos semanas de duración (aunque la mayoría de los episodios duran bastante más) que implican cambios claros en el afecto, la cognición y las funciones neurovegetativas, y remisiones interepisódicas. Se debe considerar especialmente la diferencia entre la tristeza normal y la tristeza del episodio depresivo mayor.”

depresión

Para ponerlo un poco en palabras simples que todos entendamos: para poder decir que una persona está deprimida tiene que manifestar una disminución o desaparición del placer, sentimientos de inutilidad, dificultad para pensar, para concentrarse o tomar decisiones, disminución sustancial de la actividad y del autocuidado, dificultad para dormir o dormir en exceso… y todo esto no en un momento del día sino la mayor parte del día y por un período largo.

Con esta pincelada ya nos podemos hacer una idea de que una cosa es estar de bajón y otra tener una depresión. 

Hay otro punto muy importante a destacar y es que la mayor parte de las veces que una persona dice estar deprimida esa depresión ha aparecido después de una pérdida de un ser querido, una ruptura sentimental o problemas que no consigue superar ya sean laborales, económicos, relacionales, etc. En estos casos puede dar la apariencia de tener un estado depresivo pero se descarta completamente por haber un contexto que explique la situación emocional. Son en estos casos en los que se puede decir que la depresión o el ánimo depresivo son una consecuencia (una reacción) a una situación concreta. En estos casos se hablaría de trabajar un luto por pérdida o por la ruptura, o trabajar en mejorar relaciones o la situación que ha causado ese estado y en el caso de no ser posible, trabajar para que la persona encuentre un nuevo equilibrio o asuma una situación específica.

Como podéis ver es un tema inmensamente amplio, no solo la depresión en sí sino también todos los demás casos en los que puede haber una sintomatología similar, aunque no podemos definirlo como trastorno depresivo. Lo iré abordando en varios post para hacerlo más legible.

 

 

 

 

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